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Mermelada para salvarnos de la extinción

Por Julio César Iglesias

Hay que salvar el mundo del apocalipsis. Y para salvarlo el progresismo debe domar a las grotescas fuerzas del mercado que nos llevan al abismo.

O dicho de otra forma: si no gobierna el petrismo en Colombia -y los hermanos ideológicos del petrismo en el mundo- la civilización humana está condenada a desaparecer.

Ellos, y sus ideas, o la nada. Punto.

En los tres párrafos anteriores está resumido el núcleo del discurso del presidente Gustavo Petro, el mismo que ha repetido, en versiones más o menos delirantes, en auditorios alrededor del mundo.

» La crisis climática es un efecto lógico de la acumulación del capital. En consecuencia, su efecto final es la extinción de la humanidad”, le explicó a estudiantes y profesores de la Universidad de Standford en abril del año pasado.

¿Y qué ha hecho Petro para detener el monstruo climático que amenaza la especie humana?

Unos meses después de su discurso en Stanford, en Julio, declaró una emergencia económica, social y ecológica en la Guajira.

El propósito de la declaratoria de emergencia, según la Presidencia, era «mitigar los fenómenos climáticos de alto impacto que se esperan en la región». O sea, enfrentar el cambio climático, esquivar los primeros vientos del apocalipsis que ya casi llega.

Pero durante las últimas semanas hemos visto la materialización, mucho menos poética, de los discursos oficiales. En lugar de una heroica campaña para salvar el mundo, los decretos de emergencia en la Guajira sirvieron para montar un escenario ideal para la corrupción.

No hemos visto todavía cómo el petrismo va a salvar a los colombianos de la extinción, lo que sí hemos presenciado es un show precario de politiqueros, contratos y mermelada. Las escenas del show nos muestran los kilómetros que hay entre el discurso y la práctica.

Por ejemplo, a cargo de la entidad clave para enfrentar la «emergencia climática», Petro nombró a Olmedo López. Una ficha política del Partido Conservador, con ninguna experiencia profesional en gestión de riesgos -ni hablar de Cambio Climático-. La ineptitud, la incompetencia, personificada.

Pero el dictamen de incompetencia no es mío, lo reconoció el propio Olmedo luego de ser despedido al destaparse un escándalo multimillonario en la compra de carrotanques que, se supone, ayudarían a transportar agua potable a los guajiros.

«Quizás mi falta de experiencia en lo público fue mi gran debilidad”, reconoció en su carta de renuncia.

Como ha destapado el periodista Melquisedec Torres, el escándalo en la UNGRD está vinculado al Congreso a través del representante conservador Carlos Andrés Trujillo, jefe político de Olmedo López.

Pero como si el espectáculo ya no fuera lo suficientemente hilarante, todavía más escenas: Más de 60 mil millones fueron destinados a la compra de «maquinaria amarilla» en Uribia, el municipio que es el bastión electoral del jefe de Olmedo.

Vaya casualidad. ¿Acaso al municipio que posee electoralmente el jefe de Olmedo lo premiaron excepcionalmente desde la entidad que dirigía Olmedo?

¿Y cómo estará votando el cacique conservador en el Congreso? Por supuesto a favor de las nefastas reformas del gobierno.

Ojalá que, al menos, esto sirva para que entendamos cómo han manoseado el asunto del Cambio Climático para convertirlo en una coartada.

Para que entendamos que los discursos de Petro azuzando el miedo sobre la, según él, inminente extinción humana, no son solo el delirio de un anticapitalista que viaja cada quince días en avión privado.

Son también la coartada perfecta para transar votos en el Congreso a cambio de mermelada.

Al final, nos dirán, que si hay mermelada es por una buena causa: para salvarnos de la extinción.

¿Qué importa si botamos unos miles de millones si es la única forma de no extinguirnos?