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La economía del estancamiento

Felipe Pedraza

En un contexto atípico para las economías globales, destacan casos como los de Japón y el Reino Unido, países que han sucumbido a la recesión hoy mismo, subrayando la complejidad de la situación económica internacional. En medio de este panorama, Colombia se encuentra en una situación ambigua, donde el escenario económico es difícil de descifrar. Sin embargo, los indicadores son contundentes: la posibilidad de una recesión se vislumbra más próxima que una recuperación económica.

Esta perspectiva se torna aún más paradójica al considerar que Colombia, el país que lideró el crecimiento mundial en 2021 y que en 2022 reafirmó su posición con un aumento del PIB del 7.4%, siendo la economía de mayor expansión en la OCDE, ahora se vea en una posición donde evita la recesión por un margen mínimo casi ganando partidos como Santa Fe.

Resulta sorprendente la postura optimista de las entidades económicas y financieras frente a la realidad del crecimiento del país. A pesar de las evidencias que señalaban un crecimiento insuficiente, proyectaron cifras excesivamente optimistas, esperando alcanzar el promedio de crecimiento de la OCDE, cuando, en realidad, el desempeño económico no cumplió ni con la mitad de esas expectativas. Este optimismo parece haber pasado por alto factores críticos como el elevado gasto gubernamental, la inversión insuficiente y las tasas de interés que han limitado la liquidez en un país con históricos desafíos en este ámbito.

Un factor crucial que ha impedido significativamente el crecimiento económico es la «Formación Bruta de Capital Fijo», que se refiere a la inversión en bienes duraderos utilizados para la producción de otros bienes y servicios. Los datos recientes presentados por el DANE en conferencia de prensa revelan una realidad desalentadora: a pesar de las expectativas puestas en el actual gobierno para liderar un proceso de reindustrialización del país, las cifras no muestran un avance significativo en el sector industrial. Por el contrario, parece que este elemento esencial para cualquier economía está menguando gradualmente.

¿Se ha salvado ya el país, o acaso es imperceptible que, aunque no se puede atribuir toda la culpa al gobierno actual, este sí tiene una parte significativa de responsabilidad en el tibio crecimiento económico? La falta de ejecución de los presupuestos de inversión, el incremento en la carga impositiva tras la reforma tributaria de 2022 y la incapacidad para impulsar un crecimiento económico sin recurrir a promesas populistas delinean un escenario donde las expectativas no se alinean con la realidad.